miércoles, 24 de marzo de 2010

Comentario al artículo de María Pilar Carrera. “Acerca de la plenitud teórica de conceptos en oportuno desuso. ¿Qué se hizo de las masas?”

Telos, nº 74



Poco tiene de discutible que lo que somos está condicionado por lo que nos rodea y esto promueve que nuestra identidad se vaya horneando en una sociedad donde la cultura de la imagen proyecta una realidad “desde el otro lado del espejo”. Hace unos años, no tantos, las personas se relacionaban entre sí cara a cara, pero ahora, esos roles han cambiado y tomamos como real la comunicación que se establece este los medios de comunicación masiva y “la masa” de oyentes y televidentes.

Me viene a la cabeza esa especie de relación que se establece en los programas de máxima audiencia, donde piden un mensaje para votar tal o cual, donde el curso del programa lo dirige el propio espectador. Muchas veces me sorprendo de la cantidad de incautos, ignorantes e ilusos televidentes que caen en las garras de un 806 sintiendo que tienen algo que decir en lo que están televisando. ¿No se dan cuenta de que están financiando mediante el pago de esas llamadas y mensajes a un grupo publicitario, televisivo o lo que sea que fomenta la incapacidad de decisión, la manipulación de masas y la persuasión mediante sugerentes anuncios?

Como señala Mª Pilar Carrera, la masa “comunicativa” –receptores de un mismo mensaje– que, se dice, quedaría anulada desde el momento en que los públicos receptores se fragmentan –ampliación del menú de los medios clásicos– o la recepción misma se convierte en un mosaico y el espectador clásico accede a la emisión, pero aunque el espectador acceda a la emisión, éste, repito, incauto, no es más que un pelele al servicio de las arcas dinerarias de unos vendedores de ilusiones y de sueños que solo se cumplen mientras esté el piloto encendido. Esta idea de hombre-masa es sinónimo de hombre alienado y pasivo consumidor. «Los media electrónicos no sólo debilitan la autoridad permitiendo a aquellos peor situados a nivel jerárquico en la escala social acceder a mucha información, sino también permitiendo incrementar las oportunidades para compartir información horizontalmente. El teléfono y el ordenador permiten a la gente comunicarse sin pasar a través de canales. Este tipo de flujo horizontal de información es otro argumento disuasorio significativo para el liderazgo centralista totalitario» (Meyrowitz, 1985)

Es cierto, el mito de la caverna se hace realidad a diario. Aquel que sale, explora y se libera de sus cadenas se ciega con tanta claridad, y mientras, los encadenados ven pasar la vida de otros en el reflejo de una pared. No sirve de nada gritar, ni rogar que se desprendan de esas cadenas que posiblemente ellos mismos se hayan amarrado, “no den lo santo a los perros (´Prov 9:7; Prov 15:12; Mat 10:14), ni tiren sus perlas delante de los cerdos, para que nunca las huellen (Heb 10:29) bajo los pies, y, volviéndose, los despedacen a ustedes”.

¿Sería posible liberarnos de esas cadenas, ignorar todo canal de difusión masiva?

martes, 16 de marzo de 2010

DEFINICIÓN Y RELACIÓN ENTRE LOS ELEMENTOS COMUNICATIVOS




1.El emisor y la función emotiva o expresiva.

También puede hablarse de emisor, el que emite, y para el oyente, receptor, o el que recibe. El emisor al hablar está expresando algo, o sea, está intentando transmitir una información al otro. En este caso la información es de tipo emotiva, pues cuando habla está expresando una determinada actitud hacia y / o respecto de lo que está diciendo. Por eso se habla de función emotiva, pues la actitud del hablante da la impresión de una cierta emoción, sea esta verdadera o fingida.
Esta función se relaciona con los matices expresivos que use el hablante, como la
alegría, la angustia, la ironía, el desagrado, etc.

2.El oyente y la función conativa.

El oyente es quien recibe el mensaje del hablante. Normalmente se quiere que el oyente reaccione o haga algo, que muestre que recibió el mensaje. Si éste permanece indiferente no hay comunicación. A esto se refiere la función conativa, pues implica alguna acción o reacción del oyente frente al mensaje. Puede verse de manera clara en los mensajes imperativos (orden) o vocativos (llamado), pues en ambos se apela directamente al receptor.

3.El contexto y la función referencial.

Esta función es por la cual, a través del lenguaje, se informa algo. El interés está en el tema, en el referente del mensaje, por ello suele decirse que es esta la función principal de la comunicación. Pero para que pueda captarse la información referencial, esta debe estar inserta en un contexto lingüístico apropiado. De no ser así, la expresión resulta ambigua e incomprensible.

4.El mensaje y la función poética.

En este caso, se refiere a la forma como está estructurado el mensaje, a su organización para que pueda ser correctamente entendido. La función poética se refiere a la buena o mala estructuración del mensaje, y no a su posible potencial lírico. Cuando se aprecia una preocupación del hablante frente a su discurso, mediante la selección y combinación de las palabras, puede decirse que predomina la función poética.

5.El código y la función metalingüística.

El código se refiere al conjunto de símbolos que usamos al hablar; letras, palabras, etc. De este modo puede decirse que cada idioma es un código, así como también los dialectos (variedad regional de una lengua).
Para la comunicación es indispensable que emisor y receptor usen el mismo código, y cuando quiera comprobarse esto y la atención se centre en él, estaremos frente a la función metalingüística. Como ejemplo tenemos frases como: “¿qué dijo usted?”, “¿A qué te refieres con “necesito tiempo”?”, “la palabra gato designa un mamífero carnívoro doméstico”, etc.


6.El contacto y la función fática.

El contacto se refiere a la relación o encuentro entre emisor y receptor. La función fática se refiere a la de algunos mensajes, de iniciar, mantener o interrumpir
la comunicación. Por ejemplo; “Hola”, “¿Qué tal?”, “entiendo”, “adiós”, etc.
Las expresiones lingüísticas cumplen más de una función. Si tomamos como ejemplo: “¿No entiendes lo que te digo?”, podemos identificar, como mínimo, la función metalingüística y la conativa. Por lo mismo, no se da que en un mensaje exista sólo una función, sino que pueden existir varias, pero habrá una que predomine y caracterice el mensaje. En el ejemplo que señalamos, si esta frase se la dice un profesor a su alumno, la función que predomina es la metalingüística, pero si aparece en una discusión entre novios, la función predominante es la que determina el carácter expresivo, o sea, la función emotiva. No obstante, en ambos casos está presente también la función conativa. De este modo vemos que la estructura verbal no agota el significado de la frase, esto es, siempre es posible leer más allá de lo propiamente escrito

miércoles, 10 de marzo de 2010

Hoy a las 20:30 nos encontraremos nuevamente en el chat de Didáctica de la Educomunicación. ¡Nos vemos allí!